Sintiendo gratitud

Me mude a Perú después de haber vivido casi 8 años en Bolivia, un lugar que te deja sin aire por sus montañas espectaculares de los Andes, por su inmensa selva, su desierto y el más grande salar del mundo en Uyuni. Es un país con una población alta indígena y todavía está  luchando para superar su historia desafiante desde la colonización por los españoles, seguido por dictaduras y gobiernas corruptas, incluso racismo y represión.

Y uno puede aún sentir estas huellas en la energía de los pueblos, ciudades y en su gente, que es bastante introvertida, tímida hasta sumiso (especialmente en los Andes).

Sin embargo, algo me apretó muy fuerte en el estómago cuando llegue con grave tonsilitis en bus por primera vez, todavía siendo mochilera y con la misión personal de soltar completamente mi vida anterior. Con alto fiebre y mucho frío bajé del bus esa mañana y me acuerdo claramente de la fascinación que me llegó por las mujeres con sus cabello largo, negro y trenzado, su ropa colorida, vendiendo frutas y bebidas calientes para los pasajeros. Ahora se, que escuche a un llamado. Hubo un saber de conectarme con este país y su poder mágico igual que su sabiduría ancestral.

Ha sido un viaje largo de tremendo aprendizaje en muchos sentidos. Se puede decir, que es obvio, cuando uno pasa tanto tiempo en un país tan diferente que el suyo. Durante mi estadía tenía poco contacto con viajeros extranjeros o ex-pats - por mi trabajo y mis muchos viajes. Por consecuencia pude aprender mucho sobre los pensamientos y sentimientos, las actitudes y comportamientos de la gente boliviana. Y tal vez se puede imaginar que hubo mucha alegría y felicidad, pero aún más decepción, rabia, engaño, frustración, dolor y desesperación. Muchas veces, especialmente durante los últimos tres años estaba determinada de irme. Ya no quería sufrir en un país tan diferente. Pero reconozco y aprecio mis profundas calidades de un escorpio: constante muerte y renacimiento como mayor parte de crecimiento interno, expansión y sanación.       

Desde hace mis primeros momentos había sentido una profunda conexión con Pachamama (la anciana creencia de los pueblos Andinos sobre su conexión e unión de la Madre Tierra y del  cosmos), lo sentí como un re-despertar de una sabiduría dentro de mi hacia sus conexiones y sus ofrendas. Muchas veces me excluyeron o me satirizaron, pero mi confianza y paciencia me lograron superar estos desafíos. Mis mayores sanadores y consejeros eran los enormes Apus (las montañas sagradas) como Illimani en La Paz, pero también el Obispo y Chataquila (mis montañas locales cerca de Sucre donde había vivido), las cascadas mágicas de Aritumayu, la laguna sagrada de Potosí “Ojo del Inca” – solo para nombrar algunos.  Podrías preguntarte porque montañas o ríos podrían tener un significado tan grande, pero la naturaleza de Bolivia es TAN fuerte, tan lleno de sabiduría, que ya no era tan necesario para mí buscar consejos humanos. Los mensajes recibidos de los maestros vinieron desde un amor incondicional y un poder interno.

Chataquila

Debo decir, cuando apareció la oportunidad el año pasado para poder irme de Bolivia, me sentí muy agradecida. Mi trabajo ya no me satisfacía, casi ya no tenía amigos por mis cambios internos durante los últimos años – de una persona muy abierta, disfrutando muchas fiestas a una persona profundamente espiritual con el profundo deseo de ayudar a personas abrir sus corazones y su mente, me sentí lista para dar mi  pequeña parte en cambiar la conciencia humana y en la sanación de la tierra por aprender ser una intuitiva comunicadora animal, por practicar diferentes técnicas de sanación en mi tiempo libre y mientras tanto desarrollando fuertes habilidades clarividentes   

Entonces, cuando me fui, me sentí muy feliz en tomar este nuevo paso y dejar el pasado atrás, además sabiendo que haya mucha gente espiritual en el Valle Sagrado de Perú. Seguramente, ya no sería la rara chica extranjera, pero encontraría más aceptación y respeto en mi camino de vida y de trabajo. Y luego, después de 9 meses después de mi partida de Bolivia veo mi vida anterior por fin con diferentes ojos:  

Encontré ahora por fin una profunda y sincera gratitud en cada encuentro, en cada lección, en cada herida que había sufrido durante mi tiempo en Bolivia. Estoy tremendamente agradecida por el trabajo que tenía, aunque ya no me satisfacía menos y menos hasta llegar a lo insoportable al final, porque sentí que ya no era mí camino. TODO me ha llevado un paso más cerca a la persona que soy ahora. Aprendí en mi cuerpo, alma y mente de perdonar, de poder ver con los ojos de águila y de abrazar el lugar, la gente y los eventos en amor incondicional, trayendo mucha gratitud. Extraño Bolivia y hago una reverencia ante las increíbles energías que este lugar lleva. GRACIAS! Namasté! Pachi!